jueves, 10 de junio de 2010

Torah nuestro que estás en los cielos...


Durante el Concilio Vaticano Segundo (1959-1965), la Iglesia Católica sufrió una serie de drásticos cambios que pasaron inadvertidos para la mayoría de los fieles, pero sus consecuencias han sido y siguen siendo trascendentales. En este Concilio la Iglesia Católica hizo suyas muchas de las tesis del marxismo, y en algunos casos, como en la teología de la liberación, se hizo abierta e indisimuladamente marxista.

Esto, que sin duda supone un vuelco en muchos de los planteamientos y actitudes de la Iglesia, merecerá una próxima entrada en este blog.

Pero hoy me gustaría tratar otra de las cuestiones que cambiaron en el Concilio Vaticano Segundo. Gregory Baum, uno de los redactores de la declaración teológica “Nostra Aetate”, reconoció a este documento como responsable de la radical transformación en la enseñanza católica habitual sobre la cuestión judía, que es, a su juicio, el viraje más drástico producido por el Concilio Vaticano II.

El señor Gregory Baum no es precisamente un indocumentado. Fue el profesor de Teología y Sociología en la Universidad de Saint Michael's College de la Universidad de Toronto y posteriormente profesor de Ética Teológica en la Facultad de Ciencias de la Religión de la Universidad McGill’s. Actualmente es miembro del Centro Jesuita de la Justicia en Montreal. Durante el Consejo de la Iglesia del Vaticano II fue perito, o asesor teológico, en la Secretaría Ecuménico de Constantinopla, la comisión responsable de tres documentos conciliares sobre la Libertad Religiosa, sobre el Ecumenismo y sobre las relaciones de la Iglesia a las religiones no cristianas (especialmente la judía).

Del mismo modo podemos encontrar como en un diálogo oficial internacional entre el Vaticano y los judíos, realizado en Venecia en 1978, el profesor Tomaso Federici, un erudito laico muy respetado en círculos vaticanos, sostuvo que, a la luz de “Nostra Aetate”, el catolicismo debía renunciar formalmente a hacer proselitismo entre los judíos.

Otras declaraciones hechas en el mismo sentido son las que hizo hace algunos años el Cardenal Kasper, que afirmó en sus escritos que no había necesidad de hacer proselitismo entre los judíos, porque ellos tienen una revelación auténtica y, según la perspectiva del Vaticano II, permanecen en la Alianza. Pero añadió que el catolicismo debe conservar el concepto de la tarea salvífica universal de Cristo. Lamentablemente, nunca explicó cómo podían integrarse esas dos afirmaciones teológicas.

En el mismo sentido se expresan la declaración “Reflexiones sobre Alianza y Misión”, publicada como un documento de estudio del diálogo permanente entre la Secretaría de Asuntos Ecuménicos e Interreligiosos de la Conferencia Episcopal Norteamericana y el Consejo Nacional de Sinagogas de los Estados Unidos, y la declaración del Grupo de Académicos Cristianos para las Relaciones Cristiano-Judías “Una obligación sagrada”, que hicieron un llamamiento para eliminar toda misión para convertir a los judíos.

La declaración “Nostra Aetate” rechazaba absolutamente las perspectivas teológicas cristianas sobre los judíos que estuvieron vigentes durante casi dos milenios.

En 1965, el papa Pablo VI, precisamente antes de que se emitiera la Declaración sobre la Iglesia y el Pueblo Judío del Vaticano II, eliminó el lenguaje negativo sobre los judíos (por ejemplo, la referencia a su "ceguera”, en anteriores versiones se les tildaba de "pérfidos").

En el Misal de 1970 se da forma definitiva a los cambios litúrgicos ordenados por el Concilio Vaticano II, se revisó la plegaria de 1965, reconociendo en forma positiva la fidelidad del pueblo judío a Dios.

En resumen, después del Concilio Vaticano Segundo la Iglesia Católica renunció a una de las bases mismas del catolicismo, difundir la palabra de Cristo ¡¡pero solo ante la comunidad judía!! Al parecer es vital para los católicos llegar a entender por qué el tema de la conversión toca un nervio tan sensible en la comunidad judía, a la luz de la larga historia del antisemitismo cristiano y del Holocausto.

A tal punto ha llegado esta actitud claudicante de la Iglesia Católica frente a la comunidad judía que, aunque el Papa Juan XXIII ya había quitado del Missale Romanum la expresión de "pérfidos" dirigida a los judíos, se mantenía la plegaría en la que se pedía que se convirtieran al cristianismo, rogando a Dios para que eliminara "la ceguera de este pueblo, para que, reconocida la verdad de tu luz, que es Cristo, y salga de las tinieblas", referencia que también ha sido descartada, con lo que queda ahora una sencilla oración que pide por el pueblo judío para que descubra a Jesús como salvador.

Por lo visto esto también parece agraviar a la comunidad judía: la nueva plegaria suscitó una gran controversia. Llegaron protestas desde muchos países, y la Asociación Rabínica Italiana decidió suspender el diálogo católico-judío.

Y aunque sorprenda tanta sensibilidad por parte del pueblo judío, sobre todo teniendo en cuenta que las alusiones hacia los gentiles en la Toráh son múltiples y abiertamente insultantes en muchos casos, no han faltado miembros destacados de la Iglesia que, fieles a la rendición frente al judaísmo que supuso el Concilio Vaticano Segundo hayan acudido suplicantes a pedir disculpas.

Incluyendo a la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos, que se han manifestado a favor de seguir adelante con este compromiso (la declaración Nostra Aetate), a pesar del dolor que causó la plegaria papal.

Puede que sea fruto de la casualidad, pero el holocausto no fue condenado por la Iglesia Católica hasta después del Concilio Vaticano II. Según el historiador jesuita Pierre Blet, Pío XII no condenó el Holocausto nazi porque no lo conocía. ¡El hombre posiblemente mejor informado del planeta no conocía el holocausto!... ¿Será que no ocurrió, tal y como afirman los autores revisionistas?

Sea como fuere, lo cierto es que la Iglesia Católica tras el Concilio debió descubrir pruebas suficientes para creer que sí se produjo dicho holocausto, aunque nunca dieron a conocer cuáles han sido las pruebas que hicieron cambiar la postura del Vaticano, porque junto con su renuncia a hacer proselitismo entre los judíos las declaraciones de condena se han ido repitiendo desde entonces.

De hecho cuando el papa levantó la excomunión al obispo lefebvriano Richard Williamson (el cual niega la existencia de las cámaras de gas) el Gran Rabino de Israel rompió las relaciones con la Santa Sede, anunciando por carta al Vaticano la ruptura total de relaciones por haber supuestamente readmitido en la Iglesia Católica a un negador del Holocausto. El Papa Benedicto XVI corrió a pedir disculpas al día siguiente, citando cuatro veces la palabra “Shoah” en un discurso de once líneas y condenando el negacionismo.

No deja de sorprender la actitud claudicante de la Iglesia Católica frente al reducido pueblo judío que por otra parte, no solo no corresponde moderando las alusiones que hacia los gentiles aparecen en la Toráh, sino que actúa frente a las más altas instancias del Vaticano como el que pisa tierra conquistada.

Algún teólogo debería explicarnos a los profanos por qué el único acontecimiento histórico cuya negación está condenada por el Vaticano es el holocausto judío. ¿Condena el Vaticano negar o minimizar el holocausto armenio? ¿Condena el Vaticano negar o minimizar el holocausto de los aborígenes norteamericanos? ¿Condena el Vaticano negar o minimizar la limpieza étnica llevada a cabo en Palestina por Israel? En fin, la Teología siempre ha sido una ciencia muy, muy compleja.

2 comentarios:

  1. Paso de religiones.
    "el patriotismo al calor de las iglesias se adultera"

    Ramiro Ledesma.

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  2. Jajaja... magnífica la frase del gran Ramiro, no la conocía y la verdad es que me ha encantado.

    Un saludo AJ.

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